CAMELIDOS

Pertenecen a la familia Camelidae que está conformada por dos tribus: los Camelini y los Lamini. Mientras que la tribu Camelini habita en zonas desérticas de Asia y África, la tribu de los Lamini habita en América del Sur a lo largo de la cordillera de los Andes. Los Camélidos Sudamericanos, a diferencia de los camélidos del Viejo Mundo, carecen de joroba y son de menor tamaño. Presentan particularidades anatómicas y fisiológicas relacionadas con su adaptación a las condiciones de escasez de oxígeno y forraje de las grandes alturas en las que habitan. Los camélidos sudamericanos comprenden cuatro especies, dos domésticas: alpaca (Lama pacos) y llama (Lama glama), y dos silvestres: guanaco (Lama guanicoe) y vicuña (Vicugna vicugna). Se distribuyen a lo largo de la Cordillera de Los Andes en América del Sur, desde Ecuador hasta Tierra del Fuego, y su mayor concentración se presenta en el altiplano peruano-boliviano, norte de Chile y Argentina, en alturas entre 3.800 y 5.000 metros sobre el nivel del mar. Se estima que en Latinoamérica la población de camélidos sudamericanos es de 7,5 a 8 millones, de los cuales, un 7% correspondería a guanacos, un 2% a vicuñas, un 45% a llamas y un 46% a alpacas (CID-AQP, 2005). Las fibras provenientes de los camélidos sudamericanos se agrupan comercialmente bajo la denominación de fibras laneras ‘finas, apreciadas o preciosas’, las que representan sólo el 2,6% del total de las fibras laneras que se comercializan en el mundo; particularmente las fibras textiles provenientes de estos camélidos domésticos y silvestres constituyen el 0,1% de la oferta mundial (FIA, 2008). La mayoría de la información arqueológica sobre la domesticación proviene de la región central de los Andes (Perú), de varios sitios de la Puna de Junín. Estas investigaciones sitúan la domesticación entre los 9.000 y los 2.500 años a.C. y a una altura de 4000 metros sobre el nivel del mar. Del proceso de caza de animales silvestres se derivó a un proceso de explotación de los animales domésticos que permitió al hombre andino proveerse de lana, carne, cuero y combustible (Revista Complutense de Ciencias Veterinarias 2010). Desde entonces forman parte fundamental en la cultura andina, lo que se traduce en una serie de actividades, ceremonias, canciones y permanente cuidado cariñoso del rebaño lo que demuestra que la vida de los seres humanos andinos gira entorno a ellos. “El proceso productivo es cultivación de la naturaleza; es celebración ritualizada de sus procesos en los que el hombre participa realizando su propia existencia” (Kessel 2004).

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